La IA desafía el modelo de honorarios por horas en abogacía

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El modelo tradicional de relación entre las grandes corporaciones y sus asesores legales externos atraviesa una fase de transformación profunda. La irrupción de la inteligencia artificial está erosionando el sistema de facturación por horas y el modelo de paneles fijos de bufetes, ante la exigencia de los clientes de una mayor eficiencia y un traslado directo de los ahorros de costes derivados de la tecnología.

Presión financiera sobre los honorarios tradicionales

Entidades bancarias de relevancia global como Goldman Sachs, Morgan Stanley y Citigroup han comenzado a presionar a sus proveedores de servicios jurídicos para que ajusten sus tarifas. El argumento central de estos gigantes de Wall Street es que el modelo de negocio actual no resulta sostenible si la tecnología permite reducir drásticamente el tiempo dedicado a las tareas legales. La lógica imperante es que, si el uso de herramientas tecnológicas disminuye el número de asociados y las horas necesarias para un asunto, los honorarios finales deben reflejar ese descenso.

En esta línea, empresas como la fintech Revolut están desmantelando el sistema convencional de paneles de abogados, que tradicionalmente se renovaban cada dos o tres años. Bajo el nuevo paradigma, los bufetes pierden la seguridad de unos ingresos recurrentes y se enfrentan a revisiones constantes donde la calidad y el valor aportado priman sobre la exclusividad. Según Tom Hambrett, director jurídico de Revolut, el poder de compra en el mercado legal ha experimentado un cambio de tendencia definitivo.

Nuevos actores y estructuras de costes

La resistencia de los despachos tradicionales a modificar sus estructuras se debe a que su configuración está diseñada para métodos de trabajo que algunos expertos ya consideran obsoletos. Simon Leaf, fundador de Three Points Law —firma creada en 2025 bajo un enfoque tecnológico—, señala que el sistema de los grandes despachos ha dependido históricamente de que los clientes financien el aprendizaje de los abogados júnior, una práctica cada vez más difícil de justificar en el contexto actual.

Frente a las firmas convencionales, están surgiendo despachos especializados que sustituyen el despliegue masivo de abogados asociados por el uso intensivo de tecnología. Ejemplos de esta tendencia son Three Points Law en Reino Unido, que cuenta entre sus clientes con figuras como Marcus Rashford o Alex Albon, y Norm Law en Estados Unidos, liderada por Mike Schmidtberger. Estos modelos de facturación buscan ofrecer una oferta más ventajosa alineada con la productividad técnica.

El auge de los acuerdos de honorarios alternativos

A pesar de que las tarifas por hora en algunos mercados siguen alcanzando niveles elevados, llegando a los 4.000 dólares por hora en casos específicos de socios o situándose en un estándar de 3.000 dólares en firmas estadounidenses, el mercado está pivotando hacia los honorarios alternativos (AFA). Datos de la plataforma de licitación legal Persuit indican que aproximadamente el 80 % del trabajo gestionado a través de su sistema ya se basa en estos acuerdos en lugar de la facturación horaria.

Desde la perspectiva de grandes corporaciones como IBM, la tarifa por hora penaliza indirectamente a los bufetes que utilizan la tecnología de forma eficiente. Chris McCloy, director global de gestión de asesores externos en IBM, sostiene que los acuerdos alternativos recompensan el uso de la innovación al centrarse en los resultados obtenidos y no en el tiempo transcurrido.

Un futuro definido por el valor y la transparencia

El estancamiento actual entre clientes que buscan orientación sobre precios vinculados a la tecnología y despachos que esperan instrucciones de los compradores refleja una transición inacabada en el sector jurídico. Sin embargo, la exigencia de transparencia es creciente. Los directores jurídicos demandan comprender el valor real de las alianzas que los bufetes firman con empresas de software legal.

La etapa actual, marcada por aumentos agresivos en las tarifas horarias, podría representar los últimos coletazos de un sistema que busca maximizar ingresos antes de que la automatización transforme definitivamente la economía de la abogacía. Para los grandes compradores de servicios legales, si la implementación de la tecnología no se traduce en una mejora del asesoramiento o en una reducción de los costes, la inversión en innovación de sus proveedores carece de valor real.