La gran banca española ha iniciado una fase de expansión tecnológica que trasciende la mera adopción de herramientas digitales. Las principales entidades del país están configurando una red de alianzas estratégicas con los gigantes de Silicon Valley para integrar la inteligencia artificial generativa en el núcleo de sus operaciones. Este movimiento no busca solo la innovación, sino asegurar un acceso preferente a los modelos de lenguaje más avanzados, como los desarrollados por OpenAI o Google, mientras se intenta preservar el control sobre sus propias infraestructuras.
Arquitecturas modulares para evitar la dependencia tecnológica
El sector financiero coincide en una premisa fundamental: evitar el bloqueo por parte de un único proveedor. Para ello, entidades como BBVA han establecido marcos de desarrollo transversales que buscan garantizar la independencia tecnológica. El banco presidido por Carlos Torres colabora estrechamente con OpenAI y es socio fundador de OpenAI Deployment Company. Además, utiliza Amazon Web Services (AWS) para su plataforma global de datos, logrando reducir los tiempos de desarrollo en un 75% en casos específicos, mientras que el 70% de sus programadores ya emplea GitHub Copilot.
Por su parte, Santander ha optado por una arquitectura modular que facilita el uso de diversas tecnologías sin fricciones operativas. La entidad, que ya proporciona acceso a herramientas de IA a 185.000 empleados, firmó en junio de 2026 un acuerdo con el grupo G42 de Abu Dabi. Esta colaboración se centra en el desarrollo de servicios financieros basados en agentes e infraestructuras avanzadas, complementando sus acuerdos existentes con Microsoft, Amazon y OpenAI, donde 30.000 trabajadores utilizan ChatGPT Enterprise.
Diversificación de socios y despliegue operativo
CaixaBank mantiene a Microsoft como aliado de referencia para la productividad, con 9.000 profesionales utilizando la versión Pro de Copilot, pero ha ampliado su relación con Google para integrar Gemini Enterprise. Asimismo, emplea Salesforce para la gestión de agentes en el área comercial, con 22.000 licencias dedicadas a este fin. Otras entidades siguen rutas similares de diversificación:
- Bankinter: Cuenta con más de 5.500 empleados utilizando Microsoft Copilot, procesando mensualmente 160.000 documentos y 60.000 correos mediante IA.
- Unicaja: Trabaja con socios como Nvidia, Google y Deloitte bajo un modelo híbrido para proteger su soberanía técnica.
- Banco Sabadell: Implementa una plataforma agnóstica que combina desarrollos propios con soluciones de terceros, estimando mejoras de productividad de entre 2 y 4 horas semanales por empleado.
Ciberseguridad y el reto de la soberanía tecnológica
La concentración de capacidades de IA en pocas manos genera una inquietud creciente sobre la soberanía tecnológica europea. Un ejemplo crítico ocurrió recientemente cuando Estados Unidos limitó el acceso a Mythos, el modelo de ciberseguridad de Anthropic, dejando fuera a las organizaciones europeas. Esta situación es sensible para la banca, considerada infraestructura crítica, ya que estos modelos son vitales para detectar vulnerabilidades y responder a ataques automatizados.
En este escenario, la resiliencia digital ha pasado de ser un concepto técnico a una prioridad estratégica para los consejos de administración. Los expertos del sector señalan que los sistemas de IA se están convirtiendo en activos críticos que requieren una protección específica, especialmente ante la posibilidad de que los atacantes utilicen estas mismas herramientas para escalar sus ofensivas contra el sistema financiero.
Impacto en el sector de la consultoría y servicios externos
La adopción masiva de la IA está forzando un cambio en la relación entre los bancos y sus proveedores tradicionales. La capacidad de automatizar tareas complejas está impulsando una tendencia hacia la internalización de recursos en las entidades financieras. Procesos que antes se delegaban en consultoras o despachos de abogados ahora pueden ejecutarse de forma interna con mayor rapidez y menor coste.
Este cambio de paradigma sugiere una evolución en los modelos de facturación de servicios externos, que podrían desplazarse desde el pago por horas trabajadas hacia esquemas vinculados directamente a los resultados obtenidos. Las entidades buscan no solo ahorrar costes, sino retener dentro de sus estructuras el conocimiento estratégico y las capacidades tecnológicas que definen su competitividad en el mercado actual.