Las operadoras de telecomunicaciones en Europa han encontrado en la infraestructura para la Inteligencia Artificial y la soberanía tecnológica una vía para dinamizar sus balances. Ante un escenario de mercados maduros con crecimientos de ingresos anuales de apenas un par de puntos porcentuales, las compañías del sector están transformando sus activos para competir en el ámbito de la computación avanzada y el almacenamiento de datos bajo regulaciones locales.
Inversiones millonarias en infraestructuras de IA
El despliegue de infraestructura de centros de datos está liderado por proyectos de gran envergadura. Orange, en colaboración con la firma de capital riesgo Morrison, ha proyectado una inversión de 3.000 millones de euros con el objetivo de multiplicar por diez su capacidad operativa actual. En una línea similar, la compañía Iliad ha destinado otros 3.000 millones de euros al desarrollo de estas instalaciones.
Por su parte, el grupo británico BT ha formalizado una alianza con el fabricante de chips Nvidia y con Nscale. Este acuerdo contempla la adecuación de tres centros de datos ya existentes de la teleco para dotarlos de una capacidad de hasta 14 megavatios orientados específicamente a cargas de trabajo de IA. Estos movimientos reflejan un cambio de tendencia frente a épocas anteriores, como la de las licencias 3G, apostando ahora por un modelo que evita el sobreendeudamiento excesivo.
La apuesta por la autonomía frente a los gigantes estadounidenses
Uno de los principales catalizadores de esta tendencia es la necesidad de ofrecer servicios de nube soberana en suelo europeo. El objetivo es reducir la dependencia de los hiperescaladores estadounidenses, como Amazon o Google, y evitar que los datos queden sujetos a la jurisdicción de la Administración de Estados Unidos. Deutsche Telekom ha capitalizado esta demanda en el mercado germano bajo la premisa de servicios diseñados y operados íntegramente en Alemania.
Este fenómeno de fragmentación tecnológica no es exclusivo del Viejo Continente. Recientemente, Canadá ha optado por desarrollar su propia red troncal de banda ancha soberana para conectar sus costas de forma interna, en lugar de gestionar el tráfico de datos a través de territorio estadounidense, lo que evidencia una tendencia global hacia la protección de las infraestructuras críticas nacionales.
Un mercado de 62.500 millones de euros
La viabilidad económica de estos proyectos se apoya en una gestión de riesgos más conservadora, basada en la colaboración con socios financieros y proveedores tecnológicos. Según las estimaciones de Polaris Market Research, se espera que el mercado de servicios de nube soberana en Europa alcance un valor de 70.000 millones de dólares (aproximadamente 62.500 millones de euros) durante el próximo año.
Aunque estas cifras son modestas si se comparan con el gasto de firmas de IA como Anthropic, que prevé invertir una cantidad similar en poco más de un año, representan un pilar fundamental para el crecimiento del sector de las telecomunicaciones. Al gestionar infraestructuras críticas bajo marcos regulatorios estrictos, las telecos europeas se posicionan como actores clave para garantizar la privacidad y la autonomía de los datos en un entorno global cada vez más dividido.
