La industria de los activos digitales atraviesa una transformación donde el foco se desplaza de la mera fluctuación de precios hacia la capacidad de generar rendimientos recurrentes a través de la utilidad del activo. En este escenario, el staking se posiciona como una estrategia financiera que permite a los tenedores de criptomonedas obtener beneficios adicionales mediante el bloqueo temporal de sus fondos para garantizar la operatividad y seguridad de una red blockchain.
Mecánica del depósito de garantía digital
El proceso consiste en inmovilizar activos digitales que actúan como un aval para asegurar que los validadores de transacciones operen con integridad. A cambio de esta contribución a la estabilidad del sistema, el inversor percibe recompensas en la misma unidad de cuenta. Según James Bennett, CEO de Stable Mint, esta herramienta permite monetizar activos que, de otra forma, solo dependerían de la evolución de su precio de mercado.
No obstante, el inversor debe considerar que los activos permanecen bloqueados durante periodos específicos, lo que limita la liquidez inmediata para su venta. Además, aunque se mantenga la propiedad del activo, la remuneración está ligada estrictamente a la economía del protocolo y a la participación en la seguridad de la red.
Comparativa con los depósitos tradicionales y rentabilidad
Aunque el staking compite por captar el ahorro, su naturaleza difiere de los depósitos tradicionales bancarios. Mientras que en un depósito tokenizado el pasivo recae sobre una entidad emisora que fija un interés, en el staking la recompensa proviene del propio protocolo descentralizado. Stijn Vander Straeten, CEO de Crypto Finance, sitúa las tasas anualizadas de referencia en los principales protocolos entre el 3% y el 10%. Por su parte, entidades como Bit2Me manejan horquillas de rendimiento de entre el 6% y el 8%.
Es fundamental distinguir entre la ganancia nominal y la rentabilidad neta. Javier Pastor, de Bit2Me, advierte de que un incremento del 6% en el número de unidades de un criptoactivo no garantiza un beneficio equivalente en euros si el valor de la moneda cae frente a la divisa fiduciaria. A este riesgo de mercado se suman los costes operativos de gestión de validadores y gastos de custodia, que detraen parte del beneficio bruto.
Marco regulatorio y fiscalidad en España
El acceso a estas estrategias se ha profesionalizado con la llegada de grandes plataformas a Europa en 2024, extendiéndose a perfiles específicos en Estados Unidos en 2025. El crecimiento del sector está siendo impulsado por tesorerías corporativas, gestores de activos y emisores de ETF. En este sentido, la plena implementación del reglamento MiCA es vista como un factor determinante para que los perfiles más conservadores accedan a infraestructuras auditadas.
En el ámbito tributario español, las recompensas obtenidas se valoran según su precio de mercado en euros en el momento de su recepción. Fiscalmente, se califican como rendimientos del capital mobiliario, integrándose en la base imponible del ahorro del IRPF. Los tipos aplicables son progresivos y se sitúan actualmente entre el 19% y el 30% para los tramos de renta más elevados.
La entrada de inversores institucionales permanece vinculada a la existencia de marcos jurídicos claros que permitan operar bajo estándares de supervisión financiera, reduciendo la incertidumbre operativa en la generación de rendimientos mediante protocolos descentralizados.
